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Y muchas gracias.

Después de más de un mes de no parar, de no sacar la vista de los papelotes, de hacer más horas que el reloj, de llevarme a casa trabajo, de estar los fines de semana leyendo, más que oscuros, tenebrosísimos textos (murciélagos acudían en masa a aquella falta de luz), después de haber tenido una semana de vacaciones en un año… Después, digo, de trabajar más que nunca en mi vida, ocurrió el otro día que me echó de su despacho un catedrático porque no quise reconocer como mío un error suyo.

—¡Fuera de aquí! ¡Yo no hablo con gente que no reconoce que se equivoca!, con las gafas medio de lado, desencajado el rostro, alborotados los pelos.

En ese instante vino a mi cabeza un Fiado, ya saben, el hombrecillo barbado que adorna cientos de bares galaicoportugueses. Se lo dedico al catedramático:

fiado

Y prometo concluir mi arrebato de ira con una invectiva en su honor, llena de octosílabos asonantados que no serán acrósticos, pero a partir de los cuales el lector sagaz podrá descubrir la identidad del personaje objeto de escarnio, mofa, befa y bufa; versos que voy componiendo en mis ratos all bran, muy apropiados para acordarse de quien parece estar constamente oliendo un trozo de inmundicia.

Impropiedad

periodistadigital

 

No veo yo a ninguno de estos pájaros cargando sobre sus lomos sacos de curry ni de canela. Ni de nuez moscada.

—Y el redactor, ¿no revisa su trabajo? ¡Que pongan a un becario, coño!

Adolescencia

     Se equivocó el Presidente —se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur, creyó que el trigo era agua— cuando afirmó que luchará contra los poderosos, como si el poder fuese malo per se; ignorando que todas las personas somos poderosas, que todas tenemos poder sobre algo o sobre alguien, ignorando que no por ello somos malas, ignorando.

     No es contra los poderosos, sino contra los codiciosos y los avariciosos. También contra los egoístas, personas que suelen ejercer su poder de manera tiránica y despótica, pensando únicamente en su propio beneficio, sin atender a las consecuencias que provoca dicha aplicación del poder. Mala gente que camina  / y va apestando la tierra…

Polanski y el ardor

     Pensar sobre el asunto Polanski es hablar uno consigo mismo.

Morfología derivativa

     Se desvivió por sus semejantes. Después le resultó imposible desmorirse.

Con viento fresco

     Disponía ya de un amplio abanico de posibilidades; no obstante, decidió comprarse el dichoso aparato de arie acondicionado.

    Alguien me dio una vez una cita (creo que de Einstein) que venía a decir que un problema no se puede solucionar desde el mismo nivel de conciencia en que dicho problema ha sido creado.

   Ellos, en cambio, siguen inyectándose dinero los unos a los otros. Han buscado, incluso, un verbo médico, un verbo placebo: “inyectar”. En realidad, como se trata de un sistema yonqui, debería decir que se “chutan” dinero. Esta crisis feroz (porque es feroz) es un síndrome de abstinencia.

  Quizás sea más necesaria una solución nacida de la otra dimensión humana. Por ejemplo, ¿siente usted que ha venido al mundo para trabajar tantas horas al día, independientemente del sueldo; para desplazarse tanto; sin tiempo para pensar en sí mismo; sin tiempo para ver qué hay de cierto en lo de cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando; sin tiempo para recordar aquel niño de mocos que una vez fue o aquella niña de coletas; sin tiempo para comprender qué tienen en común usted y una lechuga que crece en un huerto a diez mil kilómetros; sin tiempo para mirar la Luna o la constelación de Orión en el mes de enero; sin tiempo para tirar un penalti; sin tiempo para subirse a un árbol; sin tiempo para nadar el mar océano; sin tiempo para echar una mano; sin tiempo para que le metan un buen repaso; sin tiempo, ya, para dar besos y sin tiempo para nada? Usted no nada nada. Es que yo no traje traje.

   Porque, ¿no preferiría hacer la vida que le gustaría, esa que una vez tuvo y que perdió en pos de un falcón, como Calixto?

   ¡No es la Economía, estúpidos! (no va por ustedes, muy amadísimos todos y nada necios). 

   —Duarte, es usted un tolai.

   —Soy los cojones. Eso es lo que soy.

   Solamente encontró consuelo, después de todo lo ocurrido, cuando Google mostró la respuesta a su búsqueda «¿dónde estás?».

Noticia importante.

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