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yer vi un poco de las preguntas que le hicieron a Pentapolín del Arremangado Brazo en la televisión. Como no pude ver el otro día las que le hicieron a Winnie The Pooh, no puedo hacer comparaciones, las cuales siempre son odiosas, o eso dicen (¿por qué se dirá eso: “las comparaciones siempre son odiosas”?). Después sonó el teléfono:

—¿Diga…?

—Buenas noches.

—Buenos días.

—¿Ha visto algo, Duarte?

—No mucho, la última hora…

—Y usted, entonces, ¿de parte de quién está?

—¿Yo? ¡De parte del pueblo, hombre! ¡De parte de quién voy a estar!

—¡Ah, Duarte! Es usted un demagogo…

—De parte del pueblo siempre, siempre del pueblo.

—¿Incluso de parte del señor con gafas de sol que iba enzarpado hasta la coronilla y cuya mandíbula parecía que se le iba a salir de la calavera?

—De ése, del que más. Ése es más pueblo que nadie. Aunque fue demasiado amable con el político para ser pueblo y para ser minero, que lo cortés no quita lo doliente, ¡coño!

—Pero incluso el pueblo está dividido y toma partido a favor o en contra de Pentapolín o de Winnie.

—Por eso: hay que decirle al pueblo que debe tomar partido a favor de sí mismo, que ya es mayorcito.

—Duarte, es usted un demagogo, sin duda…

—A favor del pueblo, caballero. Siempre a favor del pueblo…

—¡Y es usted un bienqueda!

—¡Y usted es tonto, además, del culo! Vamos, un tontolculo, como dice el pueblo.

—Buenos días.

—Buenas noches.