Se me ha vestido, con los años,

de novia la cabeza.

Just for men no me llama,

querida Lady Grecian.

La curva de tus labios aún me excita;

sigue anotado entre mis folios

aquel beso.

Tus piernas tras la falda

me siguen atrayendo.

Tu mar, la mer,

toujours recommencée,

no llega a ahogarme

y navego;

tu piel, tan salpicada,

es un espejo

en el que se refleja el firmamento.

Tu pelo me señala

la dirección del viento.

Tus pechos se endurecen

con mis manos

y suspiras,

y de tus gritos yo respiro el aliento.

(Del Diario impersonal del Arcipreste de Ítaca, vividor, tarambana y sabio)