El viajero

15 Agosto 2009

El viajero, listos los preparativos, pone como puede el pie en el estribo y se sube a la silla, también como puede. Se acomoda. El viajero agarra las riendas con ganas. En su cara —en su cuerpo entero— se aprecia el deseo de partir otra vez. El viajero ha cruzado montañas e inviernos hasta aquí, se ha enfrentado a lobos hambrientos, ha atravesado ríos, ha escapado de las flechas de Cochise. El viajero no sabe a qué lugar se dirige ni de qué lugar huye. Viaja. Quien viaja, encuentra.

Suena la señal que indica la marcha. Los caballos dan vueltas y los niños van entregando las fichas a la señora. A oídos del viajero llegan amenazadores los ecos de tambores que percuten ritmos de guerra contra el aire de la tardenoche.