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Archivos de la categoría ‘Arcipreste de Ítaca’

Puntuación

Como buscando a tientas…
Descendías sobre mi pecho tus manos.
Descendías; sobre mi pecho, tus manos.
Descendías sobre mi pecho; tus manos…
Como buscando, a tientas.
 

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Glacial

¡Que nos vamos a helar!
Trae ―bufanda― tus piernas,
ten las mías ―foulard.

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Y sobre todo cuando
                                       era equispeliculendo:
palabrotas entrando,
                                    frases hechas saliendo.
Tú te ibas desarmando,
                                     yo te iba desvistiendo.

Todo se iba animando,
                                        los dos mintiendo
y sincereando,
                                         los dos ardiendo,
los dos quemando.
                                          Hay algo tierno
en el desacato
                                     y hay que morderlo
para encontrarlo.
                             

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Ars poetica

Contra el vicio de besar:
comer la boca, oler,
lamer,
mordisquear.

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Dualidad

No fue amor,
sólo el deseo egoísta
de alcanzar un orgasmo
y el trabajo generoso
de provocarlo.
No fue amor,
faltó lo malo,
que el amor no es dulce:
el dolor amargo
y el sexo salado.

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Ella:
—Amigo,
yo no busco nada en ti.
Contigo
encuentro qué queda de mí.

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Caracol… col… col…

Pedí al viento
algún indicio de tu cuerpo
entre el vestido,
y se alió conmigo
y sopló contra tus pechos
—sopló frío, pétreo, oscuro—
el camino.

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Era

Era una tarde, mal y nunca;
era un amor cortés sin lo valiente,
una ocasión pintada de pelona.
Era que tú, salida de emergencia;
era que yo, hasta el fondo a la derecha;
tus piernas, el rosario de la aurora.
Era que todo verbo era
—igual que ser, estar,
que parecer, que resultar—
copulativo.
Y no era nada, nada, nada, nada, nada, nada, nada…

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Caligrafía

Sobre la cama
—hoja blanca—
nuestros cuerpos
—no versos.
Tú encima de mí
—el punto sobre la i—
o tú debajo
—la o termina en un lazo—               
o a cuatro rayas
—pintamos patas.

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Trepar por el armario
y colocarme encima
como un demonio
corcovado,
y tú en la cama,
abajo.
Y yo muerto de miedo:
—¡No salto!
Y tú muerta de risa:
—¡Salta, hombre, salta!

 

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