Y sobre todo cuando
era equispeliculendo:
palabrotas entrando,
frases hechas saliendo.
Tú te ibas desarmando,
yo te iba desvistiendo.
Todo se iba animando,
los dos mintiendo
y sincereando,
los dos ardiendo,
los dos quemando.
Hay algo tierno
en el desacato
y hay que morderlo
para encontrarlo.