Soluciones al test, en la última página
25 Septiembre 2009
Alguien me dio una vez una cita (creo que de Einstein) que venía a decir que un problema no se puede solucionar desde el mismo nivel de conciencia en que dicho problema ha sido creado.
Ellos, en cambio, siguen inyectándose dinero los unos a los otros. Han buscado, incluso, un verbo médico, un verbo placebo: “inyectar”. En realidad, como se trata de un sistema yonqui, debería decir que se “chutan” dinero. Esta crisis feroz (porque es feroz) es un síndrome de abstinencia.
Quizás sea más necesaria una solución nacida de la otra dimensión humana. Por ejemplo, ¿siente usted que ha venido al mundo para trabajar tantas horas al día, independientemente del sueldo; para desplazarse tanto; sin tiempo para pensar en sí mismo; sin tiempo para ver qué hay de cierto en lo de cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando; sin tiempo para recordar aquel niño de mocos que una vez fue o aquella niña de coletas; sin tiempo para comprender qué tienen en común usted y una lechuga que crece en un huerto a diez mil kilómetros; sin tiempo para mirar la Luna o la constelación de Orión en el mes de enero; sin tiempo para tirar un penalti; sin tiempo para subirse a un árbol; sin tiempo para nadar el mar océano; sin tiempo para echar una mano; sin tiempo para que le metan un buen repaso; sin tiempo, ya, para dar besos y sin tiempo para nada? Usted no nada nada. Es que yo no traje traje.
Porque, ¿no preferiría hacer la vida que le gustaría, esa que una vez tuvo y que perdió en pos de un falcón, como Calixto?
¡No es la Economía, estúpidos! (no va por ustedes, muy amadísimos todos y nada necios).
—Duarte, es usted un tolai.
—Soy los cojones. Eso es lo que soy.
El saber ocupa lugar
5 Noviembre 2007
Estaba fumándome un cigarrillo en la puerta de la facultad. Llegó un camión del que se bajaron dos personas. Venían a por papel usado para reciclarlo o revenderlo o yo qué sé. El caso es que uno de ellos conducía una carretilla con montañas de folios y se los iba dando al otro, que los clasificaba:
—Éste lleva grapas. A ese rincón. Este otro es de color salmón; a este otro lado.
—¿Y esto?, dijo el de la carretilla mostrándole a su compañero una caja grande cerrada con cinta autoadhesiva. Aquí pone Tesis doctorales 2005-2006. Pesa mucho.
—A ver, déjame ver, le respondió mientras desprecintaba la caja y miraba su contenido como quien encuentra algo deseado, muy deseado. Son todos folios blancos, sí. Colócalos en esta parte, que este papel se paga a 15 céntimos el kilo.
Cargaron todo y se fueron.
Cuando me paro a contemplar mi estado
27 Julio 2007
| C |
umples la semana que viene treinta y seis años. Treinta y seis, y tal vez te encuentres, como Dante, nel mezzo del cammin di nostra vita, y buscas el lasciate ogni speranza, voi ch’intrate entre los carteles publicitarios y los neones, entre las caderas tatuadas, en las páginas de los periódicos, en los televisores del metro y en el cuadro que devuelve el espejo del ascensor. Te gustaría parar un momento, ¿verdad?, para entenderlo. Todo te ha pillado por sorpresa, como quien dice. Te gustaría saber quién eres tú, más allá de los nombres y de los hombres, conocer lo que está en lo hondo, donde tú ya no eres Duarte ni eres E ni eres nadie; donde ocurrieron y ocurren y ocurrirán las cosas todas a la vez sin tiempo que lo impida; donde no tienes sexo ni lenguaje ni voz. Donde no hay posesiones, donde otros no llegan, donde sólo estás tú, tan bien acompañado de tu propia ausencia. Te gustaría parar un momento, ¿verdad?, para entenderlo. Pero no se puede parar. Nadie puede pararlo. Por eso lo escribes. Así comprenderás. Treinta y seis años. Los más mayores te dirán ¡un crío!, pero sabes que ellos también lo llevan en el pecho y les duele lo mismo. Eso no te consuela. Lo mejor es celebrarlo. ¡Y qué mejor regalo…!
Contractura electoral
28 Mayo 2007
Esta mañana me he levantado con un dolor en la espalda y en el brazo derecho insoportable. He venido a trabajar becaear con el hieratismo de una estatua egipcia. Algunos japoneses, confundiéndome con uno de los colosos de Memnón, me han sacado fotos. La doctora dice que es de algún esfuerzo en frío. Creo que tiene razón: el esfuerzo de votar, que la “fiesta de la democracia” es cada vez más sufrida y un servidor ya no está para juergas, y menos si te dan garrafón, que es lo que nos vienen dando mayormente. Relajante muscular, ajo y agua.