I

4 Septiembre 2008

Yazgo, y mientras

lees queda

de mí

no más que una osamenta,

no más que arqueología.

Y ya mi calavera,

laboriosos gusanos

de la tierra,

habrá cambiado ideas

por arena;

dolores,

por la losa que me pesa;

amores,

por las hierbas que me enredan;

placeres,

por las flores.

¡Que liben las abejas

sus sabores!