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Archivos de la categoría ‘Lenocinio Vivales’

Verbi gratia

—Estamos de acuerdo en parte, admitió don Lenocinio Vivales mientras se limpiaba del bigote unos restos de solysombra que le quedaban. Efectivamente —continuó—, con diez euros podemos comprar el doble de cosas que con cinco; y con dos manos, sí, podemos tocar el doble de teclas de un piano, llevar el doble de bolsas del [...]

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Párvulo

La maestra, dictante, ortográfica y puntuacional, tenía voz de perita en dulce —cariño, creo que ya—, boquita de piñón por donde salían las metáforas y las sinécdoques con una cadencia tan así, perdida entre suspiros del poema, que siempre eran los alumnos quienes tenían que esperar por ella. Con la excepción del pequeño Lenocinio Vivales, [...]

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Querido Duarte:
 
Andas escocido, por lo que parece. No me seas cínico, que nos conocemos bien. ¿Acaso tú no plagias? ¿No eres tú quien anda soltando alegremente por la red mis desventuras? ¿Me das algo a mí a cambio, que me has convertido en el hazmerreír de ADSLandia? ¿Te he pedido alguna vez explicaciones? Mira que [...]

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O algo parecido —no hubo testigos— dijo para sí don Lenocinio Vivales una vez que tuvo en su poder pruebas fehacientes, irrefutables y tangibles acerca de su hombría y de la trascendencia humana. Ocurrió así:

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Nocturno

La Luna brillaba sobre el barrio, callado en la madrugada, íntimo ya. De repente, el reposado silencio se tensó y un orgasmo profundo, largo y femenino se echó a correr por alguna ventana afuera y fue rebotando contra las paredes del patio de luces, sonando vivo a izquierda y a derecha, arriba y abajo.
A don [...]

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Se cuenta que una vez, al contrario que Pablos, Don Lenocinio decidió no mudar de lugar pero sí de vida y costumbres,  para lo cual optó por hacerse decente y acudir, lo primero de todo, a misa. Se duchó, se afeitó, se peinó, se atusó bien el bigote y se puso su ropa de los [...]

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A Lolita —¡vaite á merda!—, in memoriam
 
En una ocasión, durante unas vacaciones en su pueblo, don Lenocinio no tuvo más remedio que acudir a un velatorio a Vinhais, a unos pocos kilómetros, pero ya en Portugal. Y como durante el trayecto hasta allí había parado en todos los bares que había al pie de la [...]

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Un día acudió don Lenocinio a una discoteca de alto copete en la que un su amigo de la mili trabajaba como camarero desde hacía unos días, y le había prometido unas copas gratis.
Don Lenocinio se puso muy contento. Incluso le pareció un privilegio y un signo de distinción entrar por la puerta de servicio, [...]

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Don Lenocinio detallaba con presunción cómo se había acostado con un sinfín de mujeres. Luego decía a carcajadas que jamás se había levantado con ninguna de ellas, que sólo con su mujer. Después —todo a la vez— miraba el reloj, sorbía la copa, apuraba el cigarrillo hasta casi quemarse el bigote y se rascaba el [...]

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