(E)lecciones

Mirando por la red, he llegado a un blog que explica así el resultado electoral de ayer, lo juro:

En este día [9 de marzo], se hace un test a nuestros cálculos de Astrología Histórica: la Luna en Aries, y Júpiter en Capricornio, inclinan, por inducción estadística, a la victoria de Rajoy y del PP; y Marte en 1º de Cáncer empuja la balanza de fuerzas a favor del triunfo del PSOE de Zapatero. Al parecer, la ley de la dualidad lunar, vigente desde el 15 de junio de 1977 (Luna de Aries a Virgo, victoria de la derecha; Luna de Libra a Piscis, victoria del PSOE) ha cesado, pero la ley del área 0º-10º de Cancér, habitada en las victorias PSOE, se mantiene

La verdad es que esto me recuerda al sueño de Quevedo en el que un astrólogo condenado a los tormentos de allá se lamentaba porque si hubiera nacido un día antes o uno después, no recuerdo, se habría librado, según sus cálculos.

Yo tampoco es que quiera hurgar, pero creo que debe de haber una explicación más sencilla. Para lo de las elecciones, quiero decir.

Publicado en on Marzo 10, 2008 at 4:41 pm Comentarios (0)

Labrador

Para cosechar ganancias, sembró sus campos de infundios. Ya maduros, los incendió y se dedicó a vender humo.

Publicado en on Marzo 3, 2008 at 5:49 pm Comentarios (2)

Presidiario

Un antiguo amor le llevó una barra de pan con una lima oculta para sus asperezas.

Publicado en on Febrero 29, 2008 at 3:11 pm Comentarios (2)

¿Acto fallido?

Hoy hablaba en clase sobre el Quijote y —qué cosas más tontas suceden a veces— se me escapó un Don Pijote sin querer. ¡Qué cabronazos son mis alumnos, que sólo están pendientes para lo malo! Me da la sensación de que ya me he ganado el mote. Y me quedaba sólo una semana para terminar esta sustitución…

Publicado en on Febrero 22, 2008 at 6:17 pm Comentarios (5)

Nunca os he dicho lo mucho que me gustáis

Pues mucho.

Publicado en on Febrero 4, 2008 at 12:17 pm Comentarios (9)

Don Lenocinio va a misa de Adviento

Se cuenta que una vez, al contrario que Pablos, Don Lenocinio decidió no mudar de lugar pero sí de vida y costumbres,  para lo cual optó por hacerse decente y acudir, lo primero de todo, a misa. Se duchó, se afeitó, se peinó, se atusó bien el bigote y se puso su ropa de los domingos. También sacó algo de brillo a las partes de sus zapatos que todavía conservaban la capacidad de brillar.

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Publicado en on Enero 25, 2008 at 4:53 pm Comentarios (8)

Lenocinio Vivales acude a un velatorio

A Lolita —¡vaite á merda!—, in memoriam

En una ocasión, durante unas vacaciones en su pueblo, don Lenocinio no tuvo más remedio que acudir a un velatorio a Vinhais, a unos pocos kilómetros, pero ya en Portugal. Y como durante el trayecto hasta allí había parado en todos los bares que había al pie de la carretera y en todos ellos había tomado una copa de Porto por lo menos, cuando llegó a la casa del difunto llevaba ya los pies redondos y la camisa por fuera.

Entró, miró y vio al fondo de la habitación donde estaba la caja a unos de su pueblo, y decidió acercárseles para que le dijeran quiénes eran los del pésame. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, porque quiere la mala suerte que en esta zona de Trás-os-Montes tienen la costumbre inexplicable de presentar al finado dentro del ataúd pero sentado, de tal manera que parecía aquel señor un pasajero de Caronte, no digo más. Y don Lenocinio, que de camino a los de su pueblo ya había advertido la novedad mortuoria, desinhibido por su no saber estar, por su ignorancia, y empujado por la embriaguez, superándose a sí mismo se dirigió junto al muerto sedente y le dio la mano y unas palmaditas en la espalda, y le dijo en voz alta al oído, como si estuviese sordo: ¡A mí espéreme vocé muchos años!; palabras y ademanes que a casi nadie gustaron y que fueron la causa de que en torno a don Lenocinio se juntase un grupo no pequeño de ultrajados y dignísimos parientes y amigos que le pidieron explicaciones por su comportamiento después de que lo hubieron molido y escarmentado.

Publicado en on Enero 18, 2008 at 12:05 pm Comentarios (3)

Lenocinio Vivales va a la discoteca

Un día acudió don Lenocinio a una discoteca de alto copete en la que un su amigo de la mili trabajaba como camarero desde hacía unos días, y le había prometido unas copas gratis.

Don Lenocinio se puso muy contento. Incluso le pareció un privilegio y un signo de distinción entrar por la puerta de servicio, la cual daba acceso, primero que a la discoteca, al almacén, estancia en la que sólo los clientes más selectos eran bienvenidos. Como había allí más rayas que en un cuadro de Miró, a don Lenocinio, viendo el festín, le dio por decirle a su amigo el camarero en altísima voz: ¡Joder, cómo viven los ricos!, y luego soltó una carcajada nada discreta. Por este motivo, justo antes de entrar a la discoteca propiamente dicha, los de seguridad lo invitaron a marcharse de allí alegando que aquel lugar no era para groseros ni indecentes como él. Don Lenocinio declinó la invitación por la tercera, como mare, maris. Pero se equivocó, porque la invitación a irse era solamente para él, y mare, maris es parisílabo. Así que, además de darle unas hostias como panes, le pusieron un cero en Latín.

Publicado en on Enero 17, 2008 at 10:32 am Comentarios (2)

Genio y figura de don Lenocinio Vivales

Don Lenocinio detallaba con presunción cómo se había acostado con un sinfín de mujeres. Luego decía a carcajadas que jamás se había levantado con ninguna de ellas, que sólo con su mujer. Después —todo a la vez— miraba el reloj, sorbía la copa, apuraba el cigarrillo hasta casi quemarse el bigote y se rascaba el culo. Finalmente, pedía cambio al camarero para seguir echando monedas a la máquina.

Publicado en on Enero 11, 2008 at 10:48 am Comentarios (8)

Nadal

Así que chegaba o Nadal e non tiñamos colexio, ibamos aos coellos pola neve. So colliamos frío nos pés, e aos coellos viámolos ao lonxe escaparen de nós aos brincos. Mexabamos na neve derreténdoa e facendo un burato nela; xogabamos a nos tirar pelotos uns aos outros ou faciamos un boneco de neve e poñiámoslle unha gaita de pau e uns penedos coma se foran os collós, e veña a rir e rir. Logo voltabamos cada un á súa casa. Eu púñame ao pé do lume a me quecer tantiño.

—¡Neno, que te vas encher de moufas, fuxe de aí, escapa!

—Teño frío nos pés.

E quitaba as katiuskas, e, sentado no escano, puña os pés nun tallo a quecer mentras cunha man sacaba os mocos do nariz e facía pelotiñas que despois tiaraba ás brasas. Pola tarde era cando poñiamo-lo Nacemento.

Publicado en on Diciembre 21, 2007 at 10:32 am Comentarios (6)